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CONFERENCIA: JOSÉ LUIS PINILLA. 10 DE ABRIL

De la compasión a la indignación y de la indignación al compromiso
 

El pasado lunes 10 de abril, el padre José Luis Pinilla, jesuita, disertó sobre el tema de “Migrantes y refugiados: iconos que nos interpelan”. Se trata de la segunda conferencia que el I.S.C.R. “San Francisco Javier” ha organizado junto a las Delegaciones de Misiones y Migraciones al hilo del curso que sobre el fenómeno migratorio se está desarrollando en este segundo semestre del curso. Actualmente es el Director del Secretariado de la Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española.

 

El padre José Luis Pinilla disertó sobre la visión cristiana del fenómeno migratorio. Para ello, utilizó la categoría de icono: la imagen ante la que rezamos, ante la que hablamos a Dios, y también, la imagen que nos interpela, por la que Dios nos habla y nos convoca a vivir. Para profundizar en ello, el ponente subrayó la importancia de una educación de la mirada, de un aprender a mirar desde el Evangelio que nos permita mirar y ver más allá de la mirada sociológica y política del fenómeno. Esta mirada es una mirada ética, una mirada que mueve a obrar y que recorre un trayecto interior que va desde la compasión a la indignación, y de la indignación al compromiso. Y esta mirada ética es una mirada cristiana: como dice el papa Francisco, para encontrar al Dios vivo “hay que besar con ternura las llagas de Jesús en nuestros hermanos hambrientos, pobres, enfermos y en los que están en la cárcel” (julio 2013).

 

Detrás de todos los análisis a los que es fácil asistir como espectadores, la exigencia evangélica no lleva a ver que detrás de las imágenes mediáticas y los datos sociológicos, siempre hay personas. La compasión que nos lleva a sentir dolor con su dolor, nos lleva a la acción de intentar paliar los efectos del desastre, de la miseria. La presencia de la Iglesia en forma de capellanías en estos lugares difíciles de entrada y primera llegada es antigua y callada. Pero lo Iglesia siempre defenderá, además, la necesidad de fomentar el desarrollo para evitar que se produzca la necesidad y la miseria que impelen a salir a tantas empobrecidos.

 

A pesar de algunas consecuencias negativas, no debemos caer en un discurso populista. La Conferencia Episcopal, en su instrucción de 2015 “Iglesia, servidora de los pobres” nos recuerda a todos los cristianos que “en la actualidad los flujos migratorios y sus efectos están reconfigurando Europa. La migración debe ser entendida como el ejercicio del derecho de todo ser humano a buscar mejores condiciones de vida en un país diferente al suyo. (…) Ha llegado la hora de reconocer la aportación que han hecho los inmigrantes a nuestra sociedad. Hemos de valorar la riqueza de los otros, cultivando la actitud de acogida y el intercambio enriquecedor, a fin de crear una convivencia más fraternal y solidaria. En un futuro próximo nuestra sociedad será, en mayor medida, multiétnica, intercultural y plurirreligiosa.” (número 9).

 

La educación de la mirada que acontece cuando el cristiano se deja interpelar, es una mirada que va más allá de la consideración del inmigrante como excluido. Es una mirada de reconocimiento por el enriquecimiento que nos aporta su presencia, enriquecimiento que es tanto socio-económico como eclesial-pastoral.

 

Ante la indiferencia, dejarnos interpelar para mirar; ante la violencia, la compasión que lleva a la acción. Los cristianos tenemos que recordar que las personas tenemos grandes reservas de ternura (aunque esta palabra esté desprestigiada en algunos ámbitos) y que puede ser despertada por una presencia que interpela.

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